Por Linda Ángel – Directora Programa Artistas
Enero 2019
Bienvenidos a la Fundación Remanente para las naciones, un espacio que nació en el corazón del padre, un sueño gestado en nuestros corazones a través de pasión y lágrimas. Bienvenidos a conocer estos diez años de carrera, en donde a veces sin fuerzas, ni recursos, hemos permanecido en pie. hemos visto y oído en nuestro espíritu el amor y el clamor de Dios por este lugar.
En muchas ocasiones hemos estado a punto de bajar nuestros brazos, pero es entonces cuando el cielo se abre y escuchamos el ritmo cardiaco de Papá acelerándose por ellos, por sus familias, por su futuro, por su eternidad y entonces entendemos que no se trata de una obra de caridad, que no estamos “ayudando a los pobres” para alivianar nuestra conciencia y sentir que lo estamos haciendo bien, se trata de las almas, de la salvación, se trata del Reino, se trata de la cruz.
Hemos decidido cambiar nuestro lenguaje entre nosotros mismos y hacia nuestra población. Ellos no son más los “niños pobres”, les estamos enseñando a reconocerse como hijos, como amados. Les estamos presentando una realidad contraria a la que sus ojos ven, una antítesis de su escasez. Les estamos poniendo sobre la mesa infinidad de posibilidades que no solo cambiaran su paso por este mundo sino también su destino eterno. Les estamos mostrando el Reino.
Y es que a eso fuimos llamados. Si, en este lugar aún precario, se hace Reino, como también se hace en las calles, en nuestras reuniones de domingo, en los grandes eventos y en las grandes tarimas. Dios nos estregó este escenario en dónde su luz es la única que alumbra y los que más aplauden son los tres: El Padre, el Hijo y el Espíritu, como también nuestra gran nube de testigos.
Hoy ustedes están sentados en las tablas donde se recrea el libro de los Hechos, pues Sabemos que vendrá del cielo un estruendo como de un viento recio y llenará esta casa y entonces todos seremos llenos del Espíritu y de aquí se levantarán Pedros que prediquen al Cristo resucitado, Juanes embriagados por el amor de Jesús capaces de escuchar el latido de su corazón y reproducirlo a otros. Se levantará un Esteban que decida ver la Gloria de Dios antes que la persecución, se levantarán Pablos empoderados que transformaran a su generación.
Ojala cada iglesia en esta ciudad tuviera una tarima como esta, donde sus músicos adoradores pudieran venir de vez en cuando a traer bálsamo de sanidad, una simple guitarra y pasión por Dios. Solo eso se necesita para recorrer estas calles e inundarlas de adoración. Se necesitan en las iglesias lugares como estos, donde sus jóvenes vayan a abrazar y compartir con otros jóvenes tantos milagros, que los animaran a soñar, a estudiar, a creer que con Cristo todo se puede, pues en estos lugares también podemos encontrar miembros de la generación de Daniel.
Un lugar como este donde las mujeres de la iglesia puedan ir a amar a otras mujeres, tan diferentes a ellas, tan marcadas por la vida, por sus decisiones, pero al fin y al cabo mujeres, amadas también por papá. Un lugar como este donde de vez en cuando un puñado de hombres vaya a abrazar a otros hombres que no conocieron el significado de la paternidad. Hombres valientes que le digan a otros hombres con poder y denuedo el diseño de la palabra para tratar con honra y dignidad a sus mujeres.
Fundación Remanente es nuestra nación, Dios nos la entregó. Tan valiosa como las de otros continentes. Y es que toda nación está conformada por familias, por costumbres, hábitos y un territorio bajo un mismo gobierno y es el gobierno de Cristo el que queremos traer sobre este lugar. Es por esto que aquí predicamos acerca de la cruz, del amor, como en Hechos. Acerca de la redención y sabemos que vendrán milagros de poder para dar soporte a nuestro mensaje.
Esta es nuestra expansión: Amar, ser de un corazón y un alma y tener todas las cosas en común. Repartir lo que tenemos y fijarnos que en lo posible a nadie le falte. Predicar buenas noticias a los pobres, vendar a los quebrantados de corazón, abrir las prisiones de cautividad y levantar al caído.
Una población rodeada de violencia, saqueo, menosprecio y orfandad, debe ser arrebatada por violentos que muestren al Dios que restituye y reconstruye. Es por esto que hemos decidido armarnos para un nuevo tiempo, una nueva década, en donde tendremos que enfrentar a los gigantes del fin de los tiempos y para esto es necesario deshacernos de las espadas de papel y tomar las armas verdaderas que provienen de la palabra y de la intimidad con el Amado. Hemos determinado permanecer y vamos a seguir amando, abrazando, consolando y transformando nuestro territorio.
